11 octubre 2008

El Pozo


Ayer fue uno de esos días en que toqué fondo:
El pozal llegó al final de la cuerda pero no quedaba ni una gota de agua, la polea crujió en el brocal y el cubo subió vacio una y otra vez, hasta que asqueado, lo tiré al pozo y me quedé sentado en el suelo esperando que llegara la lluvia redentora.
Me exijo demasiado, demasiado trabajo, demasiado compromiso. Poco a poco me voy vaciando hasta que algun día solo quede arena. La arena del hastío, del tedio de la desesperanza. A veces, a fuerza de paciencia logro que el cubo suba medio lleno, pero las grietas del pozal dejan escapar la poca agua existente, y cuando llega a tus labios no queda ni una gota para refrescarte la boca.
Estoy cansado, con un cansancio infinito. Escarbo en el fondo buscando un poco de humedad pero solo consigo destrozarme la uñas, mientras, el viento sopla inclemente y el sol calcina las escasas briznas de hierba que aún quedan en mi jardín.
No me rindo, nunca me he rendido, pero siento que el alma se me escapa y que el vacio empieza a ocupar su sitio. No consentiré que la nada me domine. No quiero ser un autómata.
Me arrastro hasta el borde del pozo, y en un último esfuerzo me dejo caer hacia el agujero negro del futuro.

1 comentario:

  1. Vamos Apolito. Que el futuro puede ser un agujero, pero nunca negro. besos por millones.

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