Aún si se pudiera realizar el equilibrio omeostático a nivel de espíritu y de psiquis y cesaran de este modo las razones interiores de inquietud y de conflicto quedaría, de todos modos, la vida de cada día para encargarse de turbar nuestra paz.
Alcanzado un equilibrio, un nuevo hecho puede siempre romperlo o hacerlo precario, y por lo tanto, insatisfactorio.
Más que perseguir una hipotética paz en un improbable "mar de la tranquilidad", es conveniente aprender del difícil arte del convivir con los problemas, las incertidumbres y los conflictos.
Hay algo infantil que sobrevive en quien busca una vida sin conflictos. Llegar a ser adultos o sabios significa aceptar el peso de los días, con sus contradicciones y contrariedades, diciéndose que todo tiene un sentido, si es leído en un horizonte más vasto o que todo es gracia, si es leído en un horizonte trascendente.

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