Me suelo preguntar si alguna vez he tenido talento: al llegar a la adultez creo haber perdido también, junto con tantas otras, la posibilidad del talento.
Sé que ésta es una actitud pesimista, o derrotista, o conformista, o cómoda o cobarde. Porque estoy vivo, y eso deja en mis manos la responsabilidad de vivir. Pero esa sensación de haber dejado atrás puertas sin abrir es a menudo difícil de evitar.
Esas puertas podían haberme descubierto tesoros, como podían no haberme conducido a nada, a habitaciones vacías, a otros caminos grises. La cuestión es que, al no haberlas abierto, no lo sé. Al no abrirlas me negué, eso...
Las posibilidades.
Viví menos.
Lo mínimo que puedo hacer ahora es aprender de mis errores y no volver a pasar junto a una puerta interesante sin atreverme a mirar, no volver a dar por sentado que lo que hay detrás no es para mí.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario