27 abril 2008

¿Qué escribo?

Me pregunto hoy.
Y me encuentro de repente sin respuesta. Cosa por demás risible. De pronto me siento como desnudo en una calle, bajo un diluvio de emociones mojadas. Estoy sin abrigo, ni seguridad. Huérfano de casi todo. Menos de mi cuerpo.Y sin embargo insisto en escribir. Me atrae. Nadie me lo impone pero lo sigo haciendo. A pesar de que me cuesta y de que corrijo de manera obsesiva cada párrafo tratando de evitar vaguedad e imprecisiones. Lo sigo haciendo quizás porque varias cosas me mueven a persistir. Las ganas de establecer contacto, de encontrar algo que presiento, una ventana quizás de luz o la complicidad con alguien que webeando se dispuso a leerme, o quizás, solo quizás, entablar conexión con esa única persona que, hoy, me importa que me lea. Y de ser esto el único motivo, pues no sabría explicarme cuál es el sentido. Tal vez, solo intento llenar el vacio que me dejan sus besos y caricias cuando ausentes. Quizás, es una forma, poco disimulada y patética, por cierto, de tejer lazos que lo aferren a mí, aun cuando sé (y siempre supe) que, a pesar de mis ganas, no podré poseerlo. Escribo entonces porque me ilusiona. Noto que escribir me consuela, me abre puertas, me brinda satisfacciones y me ayuda a pensar algunas cosas que daba por sentadas y verdaderas. Escribir me sirve de orientación y a veces de autodescubrimiento. Por eso debe ser que sigo insistiendo. Insisto en escribir, insisto en orientarme, insisto en descubrirme, pero por sobre todo, (y esto sí que me molesta descubrirlo) insisto en insistirte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario