
Nuestros cuerpos se encuentran relajados y nuestras pasiones ahora descansan satisfechas. En ese estado de eterna quietud, el cansancio del día comienza a hacerse sentir. Aun así, no es suficiente para que deje de acariciarte suavemente. Me abrazas, cierras los ojos y lentamente te caes al mundo de los sueños.
Tus piernas se mueven, dan pataditas en el aire, tus ojos comienzan a moverse de lado a lado y tu respiración se agita. Luego, la calma. Tu boca, ya dormida, sigue invitándome más besos. No puedo resistirme y aunque no deseo despertarte, me rindo y te beso. Te beso suavecito, muy suavecito. Me gusta mucho verte dormir.
Te contemplo con ternura, y me invade una alegría indescriptible, propia quizás de un estado adolescente. Me encanta tenerte así, acá. Me encanta estar acá, así. Luego de llenarme con tu perfume, tu sabor y con tu imagen, me doy vuelta. Si sigo mirándote, no podré dormir. ¡No querré dormir! Extiendes una mano sobre mí, y presionas mi espalda en tu abdomen. Me duermo lleno, contento.
No nos quedaba mucho tiempo y no pasó mucho para que nuestros labios estuvieran juntos otra vez. Abro los ojos, y en la penumbra de la habitación puedo ver que entreabres los tuyos. Te sonreís. Quizás, por ver que parezco un gatito jugando con un pedacito de papel… ¿Querés un café?
Tus piernas se mueven, dan pataditas en el aire, tus ojos comienzan a moverse de lado a lado y tu respiración se agita. Luego, la calma. Tu boca, ya dormida, sigue invitándome más besos. No puedo resistirme y aunque no deseo despertarte, me rindo y te beso. Te beso suavecito, muy suavecito. Me gusta mucho verte dormir.
Te contemplo con ternura, y me invade una alegría indescriptible, propia quizás de un estado adolescente. Me encanta tenerte así, acá. Me encanta estar acá, así. Luego de llenarme con tu perfume, tu sabor y con tu imagen, me doy vuelta. Si sigo mirándote, no podré dormir. ¡No querré dormir! Extiendes una mano sobre mí, y presionas mi espalda en tu abdomen. Me duermo lleno, contento.
No nos quedaba mucho tiempo y no pasó mucho para que nuestros labios estuvieran juntos otra vez. Abro los ojos, y en la penumbra de la habitación puedo ver que entreabres los tuyos. Te sonreís. Quizás, por ver que parezco un gatito jugando con un pedacito de papel… ¿Querés un café?

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