Hoy me levanté de la cama, en un día más como cualquier otro. Pero no es igual a cualquiera, es una fría mañana de sábado con aroma a melancolía otoñal. ¿Qué voy a hacer? Voy a pasar el resto del día en casa, quizá salga a caminar, al cine o a la plaza, pero por lo menos doce horas de este día van a transcurrir dentro de este cubículo de cemento llamado casa.
Escucho voces, murmullos y risas que llegan de afuera, a través de mi ventana. Alrededor de mi burbuja las personas juegan y conviven. Identifico algunas risas. Son personas que conozco, pero sólo de vista. La mayor parte, mis vecinos. La mía es una mente ansiosa y vivaz, adora el arte y la belleza, tiene una gran inteligencia y una personalidad atractiva, y, en apariencias, extrovertida. ¿Por qué, entonces, permaneceré detrás de las paredes de cemento, igual que muchos de los días anteriores? ¿No debería establecer contacto con alguien? Sí, debería. Pero también tengo orgullo; ansío el amor de las personas, pero no las necesito.
Ahora, aún si no me lo preguntás, te diré que no soy, como podrías malinterpretarlo, alguien antisocial. No, claro que no. Cuando tengo la oportunidad me desenvuelvo con autoridad e inteligencia. Selecciono con gran cuidado mis amistades, pero no menosprecio y trato a todo el mundo con amabilidad. Tampoco me dejo maltratar; como ya he dicho, soy una persona orgullosa. Del mismo modo puedo asegurarte que físicamente soy atractivo, y no soy tímido, aunque tenga mis reservas y me muestre como una persona callada ante la gente en la que no confío del todo.
Poseo una mente consagrada a la intensión de comprenderlo todo; venero la belleza; cualquier clase de belleza. En mis manos se han dispuesto varios magníficos dones, los cuales pongo a prueba cada día. Es simplemente que no he tenido oportunidades de salir al mundo. Cuáles han sido mis impedimentos es algo que no tiene la menor importancia, porque éstos me son ajenos y escapan a mi voluntad, que es grande. Eso sin embargo no cambia el hecho de que no tenga muchos amigos. No cambia el hecho de que viva dentro de una cárcel espiritual, desde la que espero algún día liberar ese gran potencial que tengo como persona; espero poder cuidar a los demás y amarlos, pero también quiero recibir amor.
¿Podrá llamarse esto soledad? ¿Qué es la soledad? ¿Lo que vivo puede llamarse verdaderamente soledad?
¿Podrá llamarse esto soledad? ¿Qué es la soledad? ¿Lo que vivo puede llamarse verdaderamente soledad?
No sufro demasiado, tengo un trabajo que realizo con dedicación, que me llena de notas más dulces que amargas. Tengo una familia a la que quiero y que me quiere también. Tengo amigos, pocos, como dije, pero que siempre están muy cerca de mí. Conozco mucha gente. Objetivamente, no estoy solo, pero lo que tengo no me es suficiente. Sé que mi espíritu es demasiado grande para ser limitado de esta forma. Y, a pesar de que sé que el día siguiente y el otro pueden ser iguales, mantengo una sola esperanza; que tarde o temprano voy a abandonar la soledad.
Esto, al final, quiere decir que la verdadera soledad es un problema del alma. Es una especie de inconformidad con lo que se tiene, es falta de aceptación. Pero ¿no es eso lo que vuelve humanas a las personas? ¿Quién puede resignarse a morir de hambre como un perro sin sentir nada? ¿Quién puede perder a un amigo sin sentir el tirón del dolor?
Aún así, la respuesta solamente la puedo encontrar yo mismo; la certeza de la verdad no se puede comprar, sólo se puede encontrar.
¿Es la soledad inconformidad? ¿Es falta de amor? ¿Es la incapacidad de amar, o la incapacidad de dar todo el amor que se tiene dentro? ¿O es, simplemente, el
goce interno de sufrir por algo que nunca se tendrá?

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